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Careyes es un paraíso poco conocido por los mexicanos, son contados los aventureros o afortunados que han tenido la oportunidad de bañarse en sus doradas playas de belleza internacional.

Esta playa del Pacífico Jaliscience forma parte del corredor de Costa Alegre. Se puede llegar vía aérea por Puerto Vallarta o Manzanillo, está a poco más de 2 horas por carretera de cualquiera de ambos puertos aéreos.

Foto: 72 Horas

Costa Careyes, tiene decenas de kilómetros de playas limpias y de oleaje tranquilo, un clima excepcional la mayoría del año, flora y fauna propia de la región que favorece la gastronomía local con frutas y mariscos de gran calidad todo el año.

Y aunque con esa lista tiene de sobra para ser un destino fuera de serie, algo que distingue a este desarrollo inmobiliario es su arquitectura. Las construcciones, de tipo mediterráneo mexicanizado, conviven y se funden con la naturaleza y entorno del lugar, son casas que rayan en lo místico, mágico y cósmico. Así lo planeó su creador Gian Franco Brignone quien, básicamente, descubrió este lugar desde su avioneta en el año de 1968.

Desde los aires quedó maravillado con este pedacito de México y decidió dejar su vida en Europa para comenzar a labrar, literalmente, su vida desde cero en una playa virgen, sin luz ni carreteras pero con toda la magia y belleza que un lugar así puede ofrecer.

Hoy, a más de 50 años de aquél suceso, Careyes cuenta con todos los servicios y carreteras, pero sigue manteniendo esa magia y belleza que vio Gian Franco desde el aire hace varias décadas. Cada construcción está pensada para sumar al entorno natural, no para sustituirlo. Quizá ahí radica la magia de Careyes, cada espacio brinda ese sentimiento de estar conviviendo con la naturaleza.

Cada metro es digno de postal, pero quizá uno de sus atractivos más instagrameados es La Copa del Sol, una enorme copa de hierro y concreto de 48 toneladas que vive en lo alto de un peñasco cerca de playa paraíso. Además de su imponente belleza, es un homenaje al amor entre el hombre y la mujer, durante el equinoccio de primavera una pequeña pirámide que se sitúa a un par de kilómetros de la copa (pirámide construida por Brignone), se alinea con la copa para iluminarla y hacer estallar en resplandor las decenas de cristales que la copa tiene, simulando el amor entre ambos sexos.

Es un momento digno para estar en una Bucket list. La copa y el destino son tan únicos, que aún sin equinoccio es un espectáculo subir a lo alto de este enorme tazón y mirar el atardecer en el Pacífico, tal y como lo vio Gian Franco Brignone hace más de medio siglo.

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